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Mitología

Mercurio

Mercurio

Tomado de Instagram

Mercurio (mitología romana)

Mercurio. Dios del comercio. Fue parte del panteón romano desde el siglo III antes de Cristo, cuando se inició un proceso de conciliación entre las doctrinas griegas y las romanas siendo reconocido como el dios del comercio. En este sentido, los comerciantes, viajeros, pastores lo proclamaron su protector. En la mitología de Grecia es asemejado con Hermes.

Origen

Su padre era Júpiter la deidad mayor en la mitología romana y su madre la ninfa Maya, nació en el monte Cileno, fue criado por las estaciones. Y se desempeñó como el mensajero de los dioses, está representado generalmente por un joven desnudo con alas y sandalias.

Fue descrito como un dios astuto y ágil. Fue capaz de robar las flechas de Apolo, el tridente de Neptuno, y el sable de Marte. Esta deidad tenía actitudes traviesas, sin embargo, tenía a su cargo tareas como conducir las almas al infierno, y traerlas de vuelta al mundo para habitar otros cuerpos.

Culto a Mercurio

La sociedad de Roma le rendía culto todos los 15 de mayo de cada año, la celebración recibía el nombre de la mercuralia. Se realizaba un ritual en el que sumergían sus cabezas en la fuente sagrada de Mercurio, esto con la firme convicción de obtener sabiduría para alcanzar el éxito, la prosperidad y la abundancia en los negocios.

Griega

Hipocampo

Hipocampo

William-Adolphe Bouguereau [Public domain], via Wikimedia Commons

Hipocampo

Dentro de la mitología griega, el Hipocampo era una criatura fantástica que tenía la mitad del cuerpo con la forma de un caballo y la otra mitad con la forma de un pez. Esta criatura, que fue retratada por el historiador griego Pausanias en su famosa Descripción de Grecia, vivía en las profundidades del océano y servía como emblema de Poseidón. De hecho, según refiere Homero en sus obras, el carro de este dios era tirado por hipocampos. En la actualidad, se cree que el hipocampo podría estar relacionado con los caballitos de mar (cuyo nombre científico es Hippocampus).

El término hipocampo proviene de los vocablos griegos ἱππόκαμπος, cuyo origen se encuentra en el vocablo ἵππος y que haría referencia a «caballo», y κάμπος, que se puede traducir como «monstruo marino». Registros pictográficos de esta criatura se pueden encontrar en distintas ciudades griegas, por lo que se cree que era conocida en todo el mundo heleno. Para el siglo IV a. C., se acuñaron en la ciudad de Tiro monedas en las que Melqart, el dios y patrón de la ciudad, estaba montado sobre un hipocampo con alas y estaba rodeado de delfines. De manera similar, en la localidad de Byblos, para la misma fecha, se emitieron monedas con el grabado de un hipocampo sumergiéndose en el mar.

Dado que en el mundo griego no estaba del todo claro el ciclo del agua, no es de extrañar que se pensara que el hipocampo era capaz de vivir tanto en agua salada como en agua dulce (algo que sólo pueden hacer unos cuantos organismos). Por esta razón se han encontrado frescos y esculturas de esta criatura en templos cercanos al mar y a grandes fuentes de agua dulce. Uno de estas esculturas que sobrevivió hasta nuestros días se encuentra en la Fontana de Trevi, en Roma. En esta, un tritón se encuentra tratando de dominar a un hipocampo alado. Además del mundo heleno, se han encontrado representaciones del hipocampo en Escocia y en restos de la civilización etrusca. También se sospecha que puede estar relacionada con la cabra marina de Capricornio.

Además de ser el nombre de esta criatura mitológica, hipocampo también es una de las principales estructuras del cerebro de los mamíferos y de los seres humanos. Este nombre fue puesto debido a la semejanza que esta parte del cerebro tenía con los caballitos de mar. El psiquiatra y neurólogo soviético Vladímir Béjterev fue uno de los primeros científicos en descubrir que estaba relacionada con la memoria. Más tarde, se descubrió que esta parte del cerebro también estaba relacionada con el sentido de la orientación y la comprensión y la memoria del espacio.

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Mitología

Querubín

Querubines

From Pixabay

El mito del querubín

Los querubines son, según la cosmovisión cristiana, los ángeles que habitan el segundo de los nueve coros celestiales. El término querubín, proveniente del hebreo kərūv (כְּרוּב), el latín cherubus y el acadio ܟܪܘܒܐ, se puede traducir como “los segundos” o “los próximos”, pues eran los guardianes de Dios. No obstante, dado que algunos estudiosos han señalado que el hebreo kerubim significa “ángelito”, usualmente se les confunde con los putti, niños que aparecen en pinturas y esculturas con alas de mariposa o de ángel. Aun así, los querubines no guardan relación con estos, pues son propios de religiones seculares, paganas.

La tradición cristiana ha pensado a estos ángeles como guardianes de Dios y como una carroza del mismo. Esto se debe a que el libro bíblico de Ezequiel menciona que las alas de uno se unían con las de otro, conformando una masa homogénea y voladora, como un carruaje celestial. De igual forma, el mismo Ezequiel refiere que, en conjunto, se movían rápidamente por el cielo, como si se tratara de un relámpago. También se decía que estos ángeles, dada su cercanía con Dios, sólo podían ser vistos por aquellas personas que eran elevadas, a quienes se les abrían las puertas del cielo. En consecuencia, los querubines eran tenidos como los ángeles más sabios, pues eran los únicos que podían ver directamente a Dios y eran los encargados de filtrar su conocimiento hacia las escalas inferiores del Cielo.

Dentro del judaísmo rabínico, la existencia de los querubines es un tema de amplia controversia al igual que la de los demás ángeles, a quienes se les asignaban funciones míticas. Aun así, el Zohar, uno de los compendios más importantes de textos y libros judíos, dice que los querubines eran guiados por un líder, kerubiel. Por su parte, el rabino y teólogo Rabí Moshé ben Maimón, mejor conocido como Maimónides, afirmaba que los ángeles no tenían una existencia real sino simbólica dentro de los textos bíblicos, pues representaban los principios por los cuales funcionaba el universo físico.

Más allá del judaísmo y el cristianismo, los persas también introdujeron a los querubines en su cosmovisión, llamándolos kerubes y asignándoles el rol de guardianes del cielo. Por esta razón se pueden ver representaciones escultóricas de estos en las ruinas de Persépolis, ciudad que en su momento fue la capital del Imperio persa. Estos eran representados como servidores de Mithra, dios solar, luciendo con cuerpos de seres humanos con cuatro alas y cabeza de león. Algunos expertos creen que el origen de estos ángeles se encontraría precisamente en las tradiciones pesas, donde luego serían transformados por los textos bíblicos hebreos tras la cautividad babilónica.

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Egipcia

Neit

Mito de la diosa Neit

Los Angeles County Museum of Art [Public domain], via Wikimedia Commons

El mito de Neit

Neit, también conocida como Net o Neith, es la diosa de la caza, la guerra, el destino, el cosmos, los ríos, las madres, el agua y el parto dentro de la mitología egipcia, estrechamente relacionada con Atenea, diosa de la guerra, la sabiduría, el combate y la civilización en la cultura griega. Según contaba la tradición, esta diosa era la creadora del universo y de todas las cosas que lo conformaban, por lo cual gobernaba sobre todo lo existente. Además de esto, era la patrona de la ciudad de Sais, ubicada en el lado occidental del delta del Nilo. También fue una de las tres deidades tutelares de la ciudad de Latipolis (también conocía como Esna o Lunyt), al sur del río Nilo.

Esta diosa era usualmente representada con el símbolo de un escudo con dos flechas cruzadas encima. En varias representaciones escultóricas y gráficas, se la presenta con este símbolo sobre la cabeza junto con la Corona Roja del Bajo Egipto. Además, se la mostraba llevando en una mano el cetro uas o was (un largo bastón que finalizaba con la cabeza de un animal fantástico) y en la otra la cruz ansada anj, que simbolizaba la llave de la vida. Dado que en un comienzo se le adoraba como diosa de la caza y la guerra, distintos estudios señalan que su origen podría encontrarse en Libia, al oeste de Egipto, donde moraban los pueblos más combativos del Oriente Próximo. En representaciones posteriores, se le mostraba con un telar, para representar que era la diosa que tejía el mundo. También se le llegó a representar amamantando a un cocodrilo, por lo cual se le llegó a conocer como la “enfermera de los cocodrilos”.

Según dicta la cosmovisión egipcia, Neith, como diosa creadora, fue la madre de Ra, dios del sol, y Apofis, dios del caos y las fuerzas maléficas del Duat. Como diosa del agua, fue la madre Sobek el cocodrilo. Dada su asociación con el río Nilo, se dice que era esposa del Khnum, dios de la fuente del Nilo. Además, se decía que había sido la creadora de la perca, un gigantesco pez que habita en este río. La cosmovisión egipcia indicaba que Neit, como diosa del tejido, tejía el mundo todos los días en su telar. De esta manera, todas las cosas que tuvieran lugar en su corazón y en su mente, eran creadas por la técnica de sus manos y su hilo. Pese a que algunos autores la relacionan con Khnum, otros señalan que nunca se le conoció un esposo, por lo cual se creía que era una diosa virgen y madre a la vez. También se dice que intercedió entre Horus y Set, quienes estaban en guerra para saber quién se iba a quedar con el trono de Egipto. Neit entonces decidió que fuera Horus quien gobernara.

Según narra Heródoto, un explorador de la Antigua Grecia, los egipcios celebraban la Fiesta de las Lámparas en honor a esta diosa, en la cual lanzaban luces al aire durante toda la velada. Este mismo explorador e historiador griego señala que los ciudadanos de Sais identificaban a Neit con Atenea. La misma asociación se puede encontrar en el diálogo Timeo de Platón. Por su parte, el egiptólogo y antropólogo inglés Sir Ernest Alfred Thompson Wallis Budge refiere que la huida que emprendieron José y María con el niño Jesús hacia Egipto, luego de que fueran visitados por los reyes magos, le otorga a María varias cualidades que eran propias de las diosas Isis y Neit, como la partenogénesis. Este autor agrega que dichas asociaciones son más abundantes en los evangelios apócrifos, lo cual señalaría un sincretismo entre el cristianismo incipiente y las tradiciones egipcias.

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