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Griega

Tirso

Simbolismo del tirso

Giovanni Francesco Romanelli [Public domain], via Wikimedia Commons

Simbolismo del tirso

El tirso es un bastón hecho a partir de una rama de cañaheja, la cual era forrada con hiedra, vida y/o varios lazos. En su punta, el tirso llevaba hojas de parra, una corona de hiedra o una piña de pino, haciéndolo un símbolo fálico por excelencia. Por esta razón, se le puede encontrar en vasijas y murales dentro de las representaciones de escenas eróticas de la antigua Grecia. Este objeto estaba estrechamente relacionado con Dionisio (Baco en la cultura romana), dios del vino y la fertilidad. Según creen los expertos, el origen del tirso se encuentra en Egipto o Fenicia, donde fue asimilado por los tracios antiguos y luego expandido por alrededor del mudo helenístico. Más allá de su asociación con Dionisio, debido a su forma vertical, recuerda a las varas mágicas de los hechiceros y a los símbolos axiales verticales, como el árbol y la montaña.

Las representaciones que se tienen del tirso varían considerablemente una de la otra. En algunas ocasiones, el tirso es una vara alargada que supera la altura de su portador (usualmente Dionisio o un sátiro). Según apunta el registro, las representaciones más antiguas muestran al tirso coronado con parra o hiedra, mientras que la piña de pino parece ser posterior. No obstante, esta última también desaparece en representaciones posteriores, donde el tirso tiene la punta curvada, con una forma semejante al bastón de los pastores. Poco después, el tirso fue finalmente sustituido por los tallos de hinojos, que hacían las representaciones más ligeras y transmitían la idea de que la corte de Dionisio era más gentil y amigable (el bastón se podría usar para golpear, como hacían las Ménades).

El primer registro escrito que se tiene del uso del tirso es en la tragedia de Eurípides Las Bacantes, también conocida como Las Báquides, escrita hacia el 409 a. C. y representada alrededor del 405 a. C. Más allá de esto, es difícil encontrar una mención de este elemento, que es abundante en la representación gráfica. Por ello, no se puede rastrear con exactitud su etimología, aunque algunos estudiosos creen que el vocablo tirso podría hacer referencia a algo “coronado”. De esta forma, no se estaría hablando del símbolo en particular, sino de una parte del mismo, de igual forma que el vocablo θυρσ, “cepa”, se puede encontrar en tomillo (θύρσιον), silene (θυρσίτης) y orobanche (θυρσίνη).

Entre los portadores usuales del tirso dentro de las representaciones griegas, aparecen Dionisio; su padre, Sileno; su corte o tíaso, los sátiros; su esposa, Ariadna; y las ménades. De tal forma que el tirso nos sería un objeto particular, como podría ser la égida de Zeus o el tridente de Poseidón, objetos que sólo ellos tenían; sino que era un báculo que portaban diferentes personajes, conocidos como tirosos. Lo que sí está claro es que todos los personajes relacionados con Dionisio o con la embriaguez llevan este símbolo, por ello se ve en algunas representaciones de Eros, Pan, los centauros y Hefesto. Por lo mismo, fue un elemento utilizado en las bacanales y en las ceremonias de iniciación.

Griega

Hipocampo

Hipocampo

William-Adolphe Bouguereau [Public domain], via Wikimedia Commons

Hipocampo

Dentro de la mitología griega, el Hipocampo era una criatura fantástica que tenía la mitad del cuerpo con la forma de un caballo y la otra mitad con la forma de un pez. Esta criatura, que fue retratada por el historiador griego Pausanias en su famosa Descripción de Grecia, vivía en las profundidades del océano y servía como emblema de Poseidón. De hecho, según refiere Homero en sus obras, el carro de este dios era tirado por hipocampos. En la actualidad, se cree que el hipocampo podría estar relacionado con los caballitos de mar (cuyo nombre científico es Hippocampus).

El término hipocampo proviene de los vocablos griegos ἱππόκαμπος, cuyo origen se encuentra en el vocablo ἵππος y que haría referencia a «caballo», y κάμπος, que se puede traducir como «monstruo marino». Registros pictográficos de esta criatura se pueden encontrar en distintas ciudades griegas, por lo que se cree que era conocida en todo el mundo heleno. Para el siglo IV a. C., se acuñaron en la ciudad de Tiro monedas en las que Melqart, el dios y patrón de la ciudad, estaba montado sobre un hipocampo con alas y estaba rodeado de delfines. De manera similar, en la localidad de Byblos, para la misma fecha, se emitieron monedas con el grabado de un hipocampo sumergiéndose en el mar.

Dado que en el mundo griego no estaba del todo claro el ciclo del agua, no es de extrañar que se pensara que el hipocampo era capaz de vivir tanto en agua salada como en agua dulce (algo que sólo pueden hacer unos cuantos organismos). Por esta razón se han encontrado frescos y esculturas de esta criatura en templos cercanos al mar y a grandes fuentes de agua dulce. Uno de estas esculturas que sobrevivió hasta nuestros días se encuentra en la Fontana de Trevi, en Roma. En esta, un tritón se encuentra tratando de dominar a un hipocampo alado. Además del mundo heleno, se han encontrado representaciones del hipocampo en Escocia y en restos de la civilización etrusca. También se sospecha que puede estar relacionada con la cabra marina de Capricornio.

Además de ser el nombre de esta criatura mitológica, hipocampo también es una de las principales estructuras del cerebro de los mamíferos y de los seres humanos. Este nombre fue puesto debido a la semejanza que esta parte del cerebro tenía con los caballitos de mar. El psiquiatra y neurólogo soviético Vladímir Béjterev fue uno de los primeros científicos en descubrir que estaba relacionada con la memoria. Más tarde, se descubrió que esta parte del cerebro también estaba relacionada con el sentido de la orientación y la comprensión y la memoria del espacio.

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Egipcia

Uróboros

Uróboros
Djehouty, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Simbolismo del Uróboros

Uróboros, también conocido como uroboros u ouroboros, es una criatura fantástica cuyo registro data de al menos 3000 años. Esta criatura tenía la forma de una serpiente, un dragón o un reptil alargado que se comía su propia cola, formando la imagen de un círculo. El origen de la palabra proviene del griego ουροβóρος, formado por los vocablos οὐρά, que se traduce como “cola”, y βόρος, que se traduce como “que come”. De tal forma que ουροβóρος puede traducirse como “serpiente que se come la cola”.

uróboros

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El uróboros, como símbolo, representa el infinito, lo cíclico, el orden, el todo, el universo y el tiempo. De esta manera, en diversas culturas antiguas se le tenía como una manifestación del eterno retorno, de lo cíclico que eran los fenómenos naturales, como la sucesión los días, las estaciones, los vientos y las mareas. Por ello en el mundo griego se le relacionaba con Sísifo, condenado a llevar de arriba abajo una gigantesca piedra a través de una colina. Como representación de la vida y el tiempo, y por tanto de la resurrección y la restauración, se pintaban en los sarcófagos para otorgarle la inmortalidad a los muertos. Ejemplo de ello es el jeroglífico encontrado en el sarcófago de la pirámide de Unis, que data del 2300 a. C. La imagen del uróboros, como una serpiente que se come su cola, se puede ver también en la mítica Jörmundgander, la monstruosa víbora hija de Loki que rodeaba a Midgard y que se enfrentaría a Thor en el Ragnarök, hiriéndolo fatalmente.

Después, el uróboros fue utilizado por los alquimistas como un símbolo de la unidad espiritual y material que tenía las cosas, pues estas no se destruían y creaban, sino que solamente cambiaban de forma. De esta manera, el mundo estaba condenado a su propia destrucción y creación constante. Por tanto, era un símbolo del infinito. El registro más antiguo que se tiene con este significado se encuentra en los escritos realizados por Cleopatra la Alquimista sobre la Chrysopoeia (elaboración de oro), los cuales datan del siglo II d. C. Cleopatra puso bajo el símbolo la consigna de “todo es uno”. En otras representaciones, el uróboros es pintado en una mitad con un color oscuro y en la otra con un color claro, relacionándolo así con el devenir de los días y las noches y con el yin y el yang. Después de los alquimistas, el uróboros fue rescatado como símbolo por la masonería y otras escuelas ocultistas y filosóficas.

Curiosamente, el lagarto armadillo (Ouroborus cataphractus), perteneciente a la familia Cordylidae y originario de Sudáfrica, sujeta su cola entre la mandíbula y adopta la forma de un círculo cuando se siente amenazado. Es probable entonces que las leyendas concernientes al uróboros tengan su origen en este animal. En Norteamérica, se han registrado casos de autofagia o autocanibalismo en la serpiente de Esculapio (Zamenis longissimus). Según se ha documentado, estas serpientes en situaciones de estrés tratan de alimentarse de sí mismas. En uno de los casos, la serpiente murió cuando ingirió las dos terceras partes de su cuerpo. Esta serpiente también pudo haber inspirado al uróboros, pues es propia del Mediterráneo.

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Griega

Columnas de Hércules

Historia de las columnas de Hércules

Mario Sánchez Bueno from Ceuta, España [CC BY-SA 2.0], via Wikimedia Commons

¿Qué son las columnas de Hércules?

Las columnas de Hércules eran una construcción legendaria que se encontraba en el estrecho de Gibraltar, determinando el límite del mundo que los griegos conocían. Estas fueron atravesadas por el negociante Coleo de Samos en el siglo VII a. C., aunque su hazaña no fue muchas veces repetida. La idea de las columnas de Hércules fue legada al Imperio romano, quienes hacían referencia a los puntos más externos de su imperio como cabos sagrados o promontorios sacros. Si bien la existencia de las columnas es debatible, se sabe que los europeos no atravesaron el Atlántico con dirección al oeste, donde debían estar estos pilares, sino hasta el siglo XV, cuando Colón realizó su expedición (con la excepción de los vikingos, que viajaron a Islandia, Groenlandia y finalmente al este de Canadá). Aun así, varios historiadores creen que las columnas harían referencia a dos montañas: el peñón de Gibraltar, con una altura de 426 metros, y el monte Ceuta, Musa o Hacho, estos últimos de 204 y 851 metros de altura.

El origen de las columnas de Hércules se remonta a los doce trabajos de este héroe. Según se cuenta, este guerrero, hijo de Zeus y Alcmena, sufrió un ataque de ira y asesinó a sus propios hijos. Cuando volvió en sí, se dio cuenta del crimen atroz que había cometido, por lo cual se dirigió al Oráculo de Delfos para saber cómo podía ser perdonado por los dioses. El oráculo le dijo que la única forma de ser purificado era cumpliendo los trabajos que el entregara Euristeo, quien le había robado el trono de Tirinto. Otras versiones cuentan que debía realizar los doce trabajos para liberarse de la servidumbre que debía Euristeo. Esto se debía a que Zeus afirmó que el primero descendiente de Perseo que naciera, iba gobernar sobre los demás. Alcmena estaba a punto de dar a luz, pero Hera se sintió celosa y retuvo su parto varios días, con lo cual nació primero Euristeo, hijo del gobernante de Esténelo. De esta manera, Hértules pasó a ser su siervo.

Sea como fuere, Hércules se vio en la obligación de realizar doce trabajos. El décimo de estos era busca el ganado de Gerión, un monstruo antropomorfo que tenía tres cuerpos. Este monstruo, hijo de Crisaor y de Calírroe, vivía en Eritea, dentro del archipiélago de Gadeiras, en lo más alejado del occidente. Este ser era famoso por poseer una gran cantidad de vacas rojas y de bueyes, custodiadas por el pastor Euritión y por Ortro, un perro de dos cabezas. Luego de robar las reses, Heracles se vio enfrentado a Gerión, quien buscaba venganza por la afrenta cometida. Este arrancó entonces un olivo de la tierra y se lo lanzó a Heracles, que no sufrió gran daño debido a su coraza de bronce. Heracles entonces lo imitó y lo contratacó, siendo detenido y desarmado por los fuertes brazos del monstruo. Viéndose en tal situación, el hijo de Zeus corrió y se escondió en una cueva, desde donde pudo dispararle una flecha bañada en la sangre de la hidra a Gerión, que terminó atravesándole sus tres corazones. Gerión cayó sin vida al suelo y de su herida emergió un drago. A manera de monumento para sí mismo, Hércules instaló las dos columnas. Según se creía, más allá de estas estaba la Atlántida.

Las columnas de Hércules, debido a su ubicación legendaria, fueron tomadas como símbolo de España y de la Península Ibérica. Por esta razón, el rey Carlos I, por sugerencia del consejero Luigi Marliano, las agregó como elementos exteriores al escudo de armas del rey. Cada una de estas llevaba un lazo que tenía las inscripciones Plus Ultra (Más allá), en referencia a que eran el fin del continente europeo en Occidente. En la actualidad, las columnas no se encuentran en el escudo de armas del rey, pero sí están presentes en el escudo de armas de España, con la inscripción que sugirió Marliano. Las columnas también fueron introducidas en los blasones de algunas colonias, como Veracruz, México, y en varias monedas emitidas por los virreinatos.

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