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Griega

Corona de Laurel

Simbología de la corona de laurel

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson and workshop [Public domain], via Wikimedia Commons

Simbolismo de la corona de laurel

La corona de laurel, también conocida como diadema de laurel o lauréola, es, como su nombre lo indica, una corona circular hecha a partir de ramas u hojas de laurel. Esta corona se les entregaba en la antigüedad a los deportistas que ganaban los juegos olímpicos y a los poetas que creaban las mejores obras en los concursos literarios. De ahí proviene el término laureado, que significa “destacado por su excelencia”. De igual forma, de esta costumbre proviene también el dicho popular de “dormirse en los laureles”, que habla sobre aquellas personas que descuidan su trabajo o dejan de esforzarse por tener algún reconocimiento previo.

Después de que el uso fuera implantado en los juegos olímpicos y en los concursos literarios de la antigua Grecia, las coronas de laurel fueron entregadas en el Imperio Romano como una forma de agradecimiento y reconocimiento a los mejores soldados y comandantes del Ejército. Después, la corona fue utilizada por las personas más eminentes de la sociedad, como los emperadores. Por ello se asocia, más allá de la excelencia, con el poder. Y es que el propio Julio César llevaba una corona de laurel, aunque algunos historiadores y cronistas creían que era para ocultar su calvicie… De todas formas, la imagen del emperador coronado fue utilizada para las distintas representaciones que se hicieron de Julio César y sus sucesores.

Así pues, no es extraño encontrar monedas de la antigüedad con la imagen estampada del emperador del momento con una corona de laurel en la antigüedad. Más allá del estatus que significaba llevar la corona de laurel, se creía que las personas que la utilizaban estaban exentas de ser castigadas por el rayo de Júpiter. La tradición del laurel probablemente fue tomada de los egipcios, quienes acostumbraban a llevar coronas de flores para adornar sus cabezas, las cuales eran conocidas como guirnaldas; o fue tomada de las tiaras mesopotámicas o asirias, quienes coronaban a sus reyes con conos largos llenos de todo tipo de adornos.

Después de que el uso de las coronas de laurel se extendiera entre los emperadores romanos y los gobernadores cercanos, en la época feudal y la Edad Media los reyes comenzaron a utilizar coronas de oro, cosa que hubiera sido de gran aversión en la antigüedad por la imagen de modestia que querían dar los gobernadores. Por esta razón, las coronas de los reyes tienen formas similares a las de las hojas de laurel. Poco después, las coronas se extendieron a los nobles, distinguiéndose cada una dependiendo de si se trataban de duques, marqueses, condes, vizcondes o barones.

Queriendo seguir la tradición de los antiguos, y buscando que su grandeza fuera semejante a la de Julio César, Napoleón Bonaparte le encargó al orfebre francés Martin-Guillaume Biennais que le hiciera una corona de laurel hecha de oro. Este había sido la única persona que le dio crédito para que iniciara su mandato, razón por la cual recibió el honor de realizar esta extravagancia. En un comienzo, la corona era muy pesada y Napoleón se quejó de ello, por lo cual Biennais tuvo que quitarle seis hojas. Cuando su peso fue ideal, por fin fue utilizada en la coronación de Bonaparte el 2 de diciembre de 1804 en la Catedral de Notre Dame, donde le arrebató la corona al papa para ponérsela el mismo. En la actualidad, sobreviven dos hojas de esta corona, las cuales están avaluadas entre 100 mil y 150 mil euros.

El laurel es un arbusto de la familia laurácea proveniente del Mediterráneo. Este mide poco de menos de 10 metros de altura y se caracteriza por tener un olor suave y agradable. El laurel en el mundo antiguo, y todavía hoy en algunas regiones de España, era conocido como “el árbol de Apolo”. Esto se debe al siguiente mito: una vez, mientras Eros sostenía un arco y unas flechas, fue ridiculizado por Apolo. Este le dijo que tal arma era propia de los hombres, y que sus victorias nada tenían que ver con las victorias de un dios como él. Furioso por lo ocurrido, Eros se armó de una flecha de oro, capaz de incitar el amor, y una flecha de plomo, capaz de incitar el odio. Entonces disparó la flecha de oro al corazón de Apolo y la de plomo a Dafne. Así, mientras la deidad se enamoraba de la ninfa, esta lo repudiaba con toda su alma.

Desde su comienzo, la dríade había rechazado todo tipo de pretendientes con tal de dedicarse a la caza y la exploración rural. De tal forma que, cuando Apolo se acercó a ella, esta lo rechazó de todas las formas que pudo; hasta que tuve que correr ante el hostigamiento divino. Dafne, angustiada por verse superada en la carrera, pidió ayuda a su padre. Por lo que este la convirtió en un laurel. Poco a poco, sus brazos se convirtieron en ramas y sus cabellos en flores, mientras sus pies se adherían a la tierra y se transformaban en raíces. Apolo abrazó inútilmente el ser vegetal en el que se había convertido, pero su amor era tanto que decidió consagrar esa especie a su nombre, prometiendo que sería llevada en la cabeza de todos los héroes.

Griega

Hipocampo

Hipocampo

William-Adolphe Bouguereau [Public domain], via Wikimedia Commons

Hipocampo

Dentro de la mitología griega, el Hipocampo era una criatura fantástica que tenía la mitad del cuerpo con la forma de un caballo y la otra mitad con la forma de un pez. Esta criatura, que fue retratada por el historiador griego Pausanias en su famosa Descripción de Grecia, vivía en las profundidades del océano y servía como emblema de Poseidón. De hecho, según refiere Homero en sus obras, el carro de este dios era tirado por hipocampos. En la actualidad, se cree que el hipocampo podría estar relacionado con los caballitos de mar (cuyo nombre científico es Hippocampus).

El término hipocampo proviene de los vocablos griegos ἱππόκαμπος, cuyo origen se encuentra en el vocablo ἵππος y que haría referencia a «caballo», y κάμπος, que se puede traducir como «monstruo marino». Registros pictográficos de esta criatura se pueden encontrar en distintas ciudades griegas, por lo que se cree que era conocida en todo el mundo heleno. Para el siglo IV a. C., se acuñaron en la ciudad de Tiro monedas en las que Melqart, el dios y patrón de la ciudad, estaba montado sobre un hipocampo con alas y estaba rodeado de delfines. De manera similar, en la localidad de Byblos, para la misma fecha, se emitieron monedas con el grabado de un hipocampo sumergiéndose en el mar.

Dado que en el mundo griego no estaba del todo claro el ciclo del agua, no es de extrañar que se pensara que el hipocampo era capaz de vivir tanto en agua salada como en agua dulce (algo que sólo pueden hacer unos cuantos organismos). Por esta razón se han encontrado frescos y esculturas de esta criatura en templos cercanos al mar y a grandes fuentes de agua dulce. Uno de estas esculturas que sobrevivió hasta nuestros días se encuentra en la Fontana de Trevi, en Roma. En esta, un tritón se encuentra tratando de dominar a un hipocampo alado. Además del mundo heleno, se han encontrado representaciones del hipocampo en Escocia y en restos de la civilización etrusca. También se sospecha que puede estar relacionada con la cabra marina de Capricornio.

Además de ser el nombre de esta criatura mitológica, hipocampo también es una de las principales estructuras del cerebro de los mamíferos y de los seres humanos. Este nombre fue puesto debido a la semejanza que esta parte del cerebro tenía con los caballitos de mar. El psiquiatra y neurólogo soviético Vladímir Béjterev fue uno de los primeros científicos en descubrir que estaba relacionada con la memoria. Más tarde, se descubrió que esta parte del cerebro también estaba relacionada con el sentido de la orientación y la comprensión y la memoria del espacio.

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Egipcia

Uróboros

Uróboros
Djehouty, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Simbolismo del Uróboros

Uróboros, también conocido como uroboros u ouroboros, es una criatura fantástica cuyo registro data de al menos 3000 años. Esta criatura tenía la forma de una serpiente, un dragón o un reptil alargado que se comía su propia cola, formando la imagen de un círculo. El origen de la palabra proviene del griego ουροβóρος, formado por los vocablos οὐρά, que se traduce como “cola”, y βόρος, que se traduce como “que come”. De tal forma que ουροβóρος puede traducirse como “serpiente que se come la cola”.

uróboros

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El uróboros, como símbolo, representa el infinito, lo cíclico, el orden, el todo, el universo y el tiempo. De esta manera, en diversas culturas antiguas se le tenía como una manifestación del eterno retorno, de lo cíclico que eran los fenómenos naturales, como la sucesión los días, las estaciones, los vientos y las mareas. Por ello en el mundo griego se le relacionaba con Sísifo, condenado a llevar de arriba abajo una gigantesca piedra a través de una colina. Como representación de la vida y el tiempo, y por tanto de la resurrección y la restauración, se pintaban en los sarcófagos para otorgarle la inmortalidad a los muertos. Ejemplo de ello es el jeroglífico encontrado en el sarcófago de la pirámide de Unis, que data del 2300 a. C. La imagen del uróboros, como una serpiente que se come su cola, se puede ver también en la mítica Jörmundgander, la monstruosa víbora hija de Loki que rodeaba a Midgard y que se enfrentaría a Thor en el Ragnarök, hiriéndolo fatalmente.

Después, el uróboros fue utilizado por los alquimistas como un símbolo de la unidad espiritual y material que tenía las cosas, pues estas no se destruían y creaban, sino que solamente cambiaban de forma. De esta manera, el mundo estaba condenado a su propia destrucción y creación constante. Por tanto, era un símbolo del infinito. El registro más antiguo que se tiene con este significado se encuentra en los escritos realizados por Cleopatra la Alquimista sobre la Chrysopoeia (elaboración de oro), los cuales datan del siglo II d. C. Cleopatra puso bajo el símbolo la consigna de “todo es uno”. En otras representaciones, el uróboros es pintado en una mitad con un color oscuro y en la otra con un color claro, relacionándolo así con el devenir de los días y las noches y con el yin y el yang. Después de los alquimistas, el uróboros fue rescatado como símbolo por la masonería y otras escuelas ocultistas y filosóficas.

Curiosamente, el lagarto armadillo (Ouroborus cataphractus), perteneciente a la familia Cordylidae y originario de Sudáfrica, sujeta su cola entre la mandíbula y adopta la forma de un círculo cuando se siente amenazado. Es probable entonces que las leyendas concernientes al uróboros tengan su origen en este animal. En Norteamérica, se han registrado casos de autofagia o autocanibalismo en la serpiente de Esculapio (Zamenis longissimus). Según se ha documentado, estas serpientes en situaciones de estrés tratan de alimentarse de sí mismas. En uno de los casos, la serpiente murió cuando ingirió las dos terceras partes de su cuerpo. Esta serpiente también pudo haber inspirado al uróboros, pues es propia del Mediterráneo.

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Griega

Columnas de Hércules

Historia de las columnas de Hércules

Mario Sánchez Bueno from Ceuta, España [CC BY-SA 2.0], via Wikimedia Commons

¿Qué son las columnas de Hércules?

Las columnas de Hércules eran una construcción legendaria que se encontraba en el estrecho de Gibraltar, determinando el límite del mundo que los griegos conocían. Estas fueron atravesadas por el negociante Coleo de Samos en el siglo VII a. C., aunque su hazaña no fue muchas veces repetida. La idea de las columnas de Hércules fue legada al Imperio romano, quienes hacían referencia a los puntos más externos de su imperio como cabos sagrados o promontorios sacros. Si bien la existencia de las columnas es debatible, se sabe que los europeos no atravesaron el Atlántico con dirección al oeste, donde debían estar estos pilares, sino hasta el siglo XV, cuando Colón realizó su expedición (con la excepción de los vikingos, que viajaron a Islandia, Groenlandia y finalmente al este de Canadá). Aun así, varios historiadores creen que las columnas harían referencia a dos montañas: el peñón de Gibraltar, con una altura de 426 metros, y el monte Ceuta, Musa o Hacho, estos últimos de 204 y 851 metros de altura.

El origen de las columnas de Hércules se remonta a los doce trabajos de este héroe. Según se cuenta, este guerrero, hijo de Zeus y Alcmena, sufrió un ataque de ira y asesinó a sus propios hijos. Cuando volvió en sí, se dio cuenta del crimen atroz que había cometido, por lo cual se dirigió al Oráculo de Delfos para saber cómo podía ser perdonado por los dioses. El oráculo le dijo que la única forma de ser purificado era cumpliendo los trabajos que el entregara Euristeo, quien le había robado el trono de Tirinto. Otras versiones cuentan que debía realizar los doce trabajos para liberarse de la servidumbre que debía Euristeo. Esto se debía a que Zeus afirmó que el primero descendiente de Perseo que naciera, iba gobernar sobre los demás. Alcmena estaba a punto de dar a luz, pero Hera se sintió celosa y retuvo su parto varios días, con lo cual nació primero Euristeo, hijo del gobernante de Esténelo. De esta manera, Hértules pasó a ser su siervo.

Sea como fuere, Hércules se vio en la obligación de realizar doce trabajos. El décimo de estos era busca el ganado de Gerión, un monstruo antropomorfo que tenía tres cuerpos. Este monstruo, hijo de Crisaor y de Calírroe, vivía en Eritea, dentro del archipiélago de Gadeiras, en lo más alejado del occidente. Este ser era famoso por poseer una gran cantidad de vacas rojas y de bueyes, custodiadas por el pastor Euritión y por Ortro, un perro de dos cabezas. Luego de robar las reses, Heracles se vio enfrentado a Gerión, quien buscaba venganza por la afrenta cometida. Este arrancó entonces un olivo de la tierra y se lo lanzó a Heracles, que no sufrió gran daño debido a su coraza de bronce. Heracles entonces lo imitó y lo contratacó, siendo detenido y desarmado por los fuertes brazos del monstruo. Viéndose en tal situación, el hijo de Zeus corrió y se escondió en una cueva, desde donde pudo dispararle una flecha bañada en la sangre de la hidra a Gerión, que terminó atravesándole sus tres corazones. Gerión cayó sin vida al suelo y de su herida emergió un drago. A manera de monumento para sí mismo, Hércules instaló las dos columnas. Según se creía, más allá de estas estaba la Atlántida.

Las columnas de Hércules, debido a su ubicación legendaria, fueron tomadas como símbolo de España y de la Península Ibérica. Por esta razón, el rey Carlos I, por sugerencia del consejero Luigi Marliano, las agregó como elementos exteriores al escudo de armas del rey. Cada una de estas llevaba un lazo que tenía las inscripciones Plus Ultra (Más allá), en referencia a que eran el fin del continente europeo en Occidente. En la actualidad, las columnas no se encuentran en el escudo de armas del rey, pero sí están presentes en el escudo de armas de España, con la inscripción que sugirió Marliano. Las columnas también fueron introducidas en los blasones de algunas colonias, como Veracruz, México, y en varias monedas emitidas por los virreinatos.

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