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Maya

Ah Muzenkab

Mulzancab

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El mito de Ah Muzenkab

Dentro de la mitología maya, Ah Muzenkab era el dios de las abejas y el patrón de su miel. Se creía que este dios la protegía porque se trataba de un producto sagrado. Según indican los estudios realizados por el historiador y antropólogo estadounidense Ralph L. Roys, Ah Muzenkab era un dios que solía representarse con la cabeza abajo y los pies arriba, como si estuviera cayendo. Por esta razón se le conocía como “el dios descendente”. Esta representación se encontró en los yacimientos arqueológicos descubiertos en la costa este de la península de Yucatan, México. De acuerdo con los relatos cosmogónicos de esta cultura, durante la creación del mundo los Mulzencab, los dioses abeja y hermanos de Ah Muzenkab, recibieron la misión de sostener el cielo para que no se cayera sobre la tierra. Por esta razón era representados boca abajo.

Según cuentan los sabios mayas, Ah Muzenkab era una abeja gigante con figura antropomórfica, la cual tenía panales de abeja en lugar de manos. Por esta razón, se le tenía como el cuidador de dicho alimento, pues siempre estaba entre sus dedos y podía otorgarlo o negarlo a los seres humanos según quisiera. Dentro de la civilización maya, la miel tenía una gran importancia dentro del comercio, pues muchas culturas creían que se trataba de un líquido divino capaz de revitalizar la fuerza y la energía del cuerpo. Por dicha razón, la miel solía recolectarse en grandes cantidades con fines comerciales y espirituales.

Dada la importancia que tenía la miel en la vida de los mayas, no es de extrañar que estos adoraran a las abejas de la misma forma como adoraban otros animales, como el jaguar. Si bien la miel se podía consumir directamente, normalmente se utilizaba como un endulzante para otras comidas. Además, se utilizaba como jarabe y para distintas medicinas cuando se combinaba con hierbas y otros productos naturales. Además, podía usarse como cera para la construcción y para la elaboración de artesanías. En la actualidad, los pueblos mayas que han sobrevivido a la conquista, la urbanización y el paso del tiempo siguen utilizan la miel para estos fines, por lo que continúa teniendo un papel vital dentro de la vida cotidiana.

Los mayas comenzaron a practicar la apicultura con abejas de la especie Melipona Beecheii, cuyo nombre en lengua maya era Xunan Cab, que puede traducirse como “dama real”. Esta abeja se diferencia de sus parientes de otras regiones geográficas porque no tiene aguijón, por lo que fue más fácil de domesticar y criar. De esta forma, el cultivo de miel tenía lugar en dos ocasiones cada año, cuando un sacerdote agradecía a Ah Muzenkab por permitirles tomar el alimento y la cera que producían sus hijas.

Maya

Huracán

El mito del dios Huracán

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El dios huracán

Dentro de la mitología maya, Huracán era el dios de las tormentas, el viento y el fuego. El nombre de este se encuentra conformado por los vocablos mayas hun, que traduce “uno”, y racan, que traduce “pierna”. Por lo tanto, huracán se puede traducir como “el que tiene una sola pierna” o “pierna sola”, pues tenía un único pie en forma de cola de serpiente que terminaba con un pie con largas uñas como garras. Por esta razón, también era conocido como el dios cojo para los hablantes de la lengua quiché. Pese a esto, no era un dios ridículo ni menor, sino todo lo contrario: era una poderosa deidad que le gustaba traer destrucción al mundo por medio de tormentas.

Huracán también era conocido como “el corazón del cielo”. Este era representado con un ser antropomorfo con piel de serpiente, rasgos reptiloides y la cola de una serpiente. Además, portaba una enorme corona y una antorcha o un objeto humeante. En su honor, las grandes tormentas eran conocidas por los mayas como huracanes.; y en la actualidad se conocen así los ciclones tropicales. También fue uno de los trece dioses que tuvo participación en la creación del mundo y del hombre de maíz. Esto se puede encontrar relatado en El Popol Vuh, el libro que cuenta el origen del mundo.

Según cuenta esta misma narración, Huracán vivía en lo alto del cielo, en medio de las nubes. Por esta razón, era el responsable de la lluvia y de otros fenómenos naturales relacionados con el clima. De esta forma, era el dios sobre el cual recaía la responsabilidad de castigar a los seres humanos por su desobediencia y malas acciones. Una vez, cuando los mayas no respetaron a los dioses y los hicieron enfurecer, los dioses le pidieron a Huracán que los castigara. Entonces lanzó una poderosa lluvia sobre la tierra, provocando inundaciones y malestar.

Este dios tenía tres manifestaciones:

  • Caculha Huracán: con la forma de un rayo con una sola pierna.
  • Raxa Caculhá: un rayo de gran belleza.
  • Chipi Caculhá: el rayo más pequeño de todos.
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Maya

Tonatiuh

Tonatiuhtéotl

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El mito de Tonatiuh

Dentro de la mitología méxica y azteca, Tonatiuh, también conocido como Tonatiuhtéotl, era el dios del sol, la lluvia, el hogar y el patrón del cielo. Esto se debía a que fue el único dios en alumbrar exitosamente la tierra. Dentro del calendario azteca, Tonatiuh tenía por símbolo el oeste y el décimo noveno día del mes. En este calendario, conocido en la propia lengua como Tzolkin, los años tenían una duración de trece meses, los cuales representaban cada uno de los dioses del panteón de esta cultura. Cada mes estaba comprendido por 20 días, siendo el penúltimo, Quiáhuitl, el dedicado a Tonatiuh. Además, se decía que era el patrón del decimoctavo periodo de tonalpohualli, que iniciaba con el día ce ehécatl. Dada su importancia, se pueden encontrar representaciones de Tonatiuh en distintos códices prehispánicos, como el Códice Borgia y el Códice Telleriano-Remensis.

Según cuenta el mito cosmogónico mexica, luego de que los dioses habían creado la tierra, el agua, el fuego y Mictlán, el mundo de los muertos, se sentían insatisfechos porque el sol no iluminaba lo suficiente. Así que se reunieron para crear uno nuevo, para lo cual se necesitaba que uno de ellos se transformara en astro. Así, el primero en ofrecerse fue Tezcatlipoca, con lo que comenzó el primer ciclo. Poco después, Quetzalcóatl tuvo ganas de ser quien alumbrara el mundo, así que derribó a Tezcatlipoca de un golpe y lo sumergió en el agua para que se apagara. Luego de esto, Quetzalcóatl se convirtió en el segundo sol, iluminando todo cuanto existía. Furioso por la afrenta, Tezcatlipoca se transformó en jaguar y bajó de un zarpazo a Quetzalcóatl, quien lanzó vientos y tormentas sobre la tierra. Entonces la gente corrió a resguardarse y los dioses se transformaron en monos.

Después de esto, dado que ya se habían creado dos soles y dos generaciones de personas sin éxito, los dioses se sentían decepcionados con ellos mismos. Entonces, entre la desilusión general, Tláloc se ofreció para ser el tercer sol y dar inicio a una nueva era. Como los otros dioses aceptaron que fuera así, Tláloc ascendió al cielo y brilló sobre la tierra; pero como este era el dios de la lluvia, comenzó a caer de las nubes una lluvia de fuego que convirtió los ríos y los mares en llamas. La gente corrió de un lado a otro sin encontrar salvación, así que los dioses convirtieron a las personas en pájaros para que se refugiaran en el aire. Mientras tanto, los dioses se reunieron para encontrarle una solución a la situación. Entonces Quetzalcóatl sugirió que el nuevo sol fuera Chalchiuhtlicue, la diosa del agua, para que pudiera apagar el incendio del mundo. Así, el cuarto sol se posicionó en el cielo y comenzó a caer una lluvia que no tuvo fin. Los ríos y los lagos se desbordaron, y al poco tiempo se inundó el mundo. Entonces los dioses transformaron a las personas en peces, para que pudieran sobrevivir.

Luego de que se acabara toda la lluvia posible, el cielo se abalanzó sobre la tierra y Quetzalcóatl y Tezcatlipoca tuvieron que convertirse en árboles para poder sostenerlo. Mientras tanto, los demás dioses quedaron afligidos por su nuevo error, pues habían acabado con el ser humano. Entonces los dioses se reunieron para crear un quinto sol. Tecuciztécatl y Nanahuatzin se ofrecieron, aun sabiendo que tenían que lanzarse a una pira para ello. Así, Tecuiztécatl, que era un dios orgulloso de su valentía, se lanzó a la fogata y salió inmediatamente cuando sintió el dolor de las quemaduras. De ahí surgieron las manchas del jaguar. Luego, Nanahuatzin, que era un dios humilde y callado, se lanzó al fuego y permaneció en él hasta convertirse en el sol. Celoso del otro, Tecuciztécatl se lanzó también, convirtiéndose en el segundo sol. Sin embargo, poco después sería asesinado por un dios menor que le lanzó un conejo, por lo cual se convirtió su cadáver quedó flotando en el cielo en forma de luna (y por ello puede verse un conejo en este satélite de vez en cuando). Mientras tanto, Nanahuatzin, que había quedado como el único sol, cambió su nombre a Tonatiuh.

Después de esto, los animales se acercaron a la diosa Ixmukané y le entregaron un fruto que había engendrado la tierra, el cual tenía muchas propiedades. Tomándolo entre sus manos, la diosa creó el primer hombre de maíz, Qaholom. Este podía pensar, hablar y amar, por lo que tendría problema en adorar a los dioses. No obstante, dado que el hombre del maíz no sabía cómo rezar, le pidió ayuda a las diosas para que lo instruyeran. Estas le enseñaron cómo reverenciar a los dioses y le entregaron una mujer, Alom, la Gran Madre, con quien concibió muchos hijos, quienes habrían de poblar la tierra.

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Azteca

Dios del maíz

El mito del dios del maíz

Codex Fejérváry-Mayer [Public domain], via Wikimedia Commons

El mito del dios del maíz

El maíz fue el alimento más importante para las culturas mesoamericanas prehispánicas. Por esta razón, cada cual tenía dioses, mitos y leyendas consagradas a este alimento. Por ejemplo, en la cultura mexica, el dios del maíz es Centeotl. En algunas ocasiones se le mencionaba como un dios dual, es decir, con una identidad que oscilaba entre lo femenino y lo masculino. Así, si se hacía referencia a su parte masculina se hablaba de Cintéotl o Centeotltecuhtli; mientras que si se hacía referencia a su lado femenino se hablaba entonces de Chicomecóatl o Centeotlcíhuatl. En el primer caso, el vocablo náhuatl tecuchtli se puede traducir como “señor”; en cambio, en el segundo caso, el vocablo cíhuatl se puede traducir como “mujer”. Entre tanto, la palabra Cintéotl está conformada por los vocablos centli, que quiere decir “mazorca de maíz” y teotl, que quiere decir “dios” o “diosa”.

Según afirman algunas fuentes, este dios era hijo de Plitzintecuhtli, dios del clima; y Xochiquétzal, la joven diosa del placer, la belleza y la sexualidad, así como patrona de los tejedores, los partos, los joyeros, los bordadores, los artistas, los escultores y los artesanos. Sin embargo, otros autores creen que Xochiquétzal era su esposa. Una leyenda reza que, después de su nacimiento, Centéotl sintió la necesidad de esconderse bajo tierra. Por esta razón, las distintas partes de su cuerpo se transformaron en diversos alimentos y productos agrícolas. Así, su cabello se hizo algodón; sus dedos, camotes; sus uñas, maíz alargado; sus ojos, semillas; su nariz, chía; etc. Es por esta razón que las cosechas del cuarto mes del año, el Huey tozoztli, se celebraban con rituales y sacrificios en su honor. Tanta era la adoración que le tenían los aztecas a esta deidad, que le conocían como Tlazohpilli, que quiere decir “Dios amado”.

Además de esta leyenda, también tiene participación en el mito de Nanahuatzin, pues quien le recomienda al dios homónimo que se lance como sacrificio al volcán. Según el calendario azteca, del cual quedó registro en la conocida “Piedra del Sol”, los totonacas veneraban a la diosa Centéotl en el tercer, octavo y undécimo mes del año. En este ritual, que tenía lugar en los templos que se le habían construido en su honor, se sacrificaban tórtolas, conejos y codornices, entre otros animales, pues se creía que no le agradaban los sacrificios humanos. Por su parte, los aztecas sí hacían sacrificios humanos, los cuales eran bastante crueles y sangrientos. Así, se sacrificaban los prisioneros y los jóvenes más bellos y saludables, sometiéndolos a inmolaciones, ahogamiento, descuartizamiento e inanición. Por otro lado, entre el 28 de junio y el 14 de julio se realizaba la ceremonia “Xalaquia”, donde una esclava con la cara pintada de rojo y amarillo (colores del maíz) danzaba hasta al anochecer, cuando era finalmente sacrificada.

Por su parte, los aztecas tenían otro mito para explicar el origen del maíz. Cuentan los antiguos, que antes de que Quetzalcóatl viniera a la tierra, los aztecas sólo se alimentaban de la carne de los animales que cazaban y de los frutos y raíces que encontraban por ahí. De tal manera que no conocían el maíz, un alimento muy nutritivo que se encontraba oculto detrás de las montañas. Luego de que fueron requeridos por los aztecas, los antiguos dioses emplearon todas sus fuerzas para mover las montañas y separarlas con el fin de alcanzar el dichoso cereal, pero no lo consiguieron. Luego de que Quetzalcóatl, dios de la serpiente emplumada, llegara a la ciudad de los aztecas, estos le pidieron que obtuviera el maíz por ellos. Él aceptó, gustoso de demostrar su inteligencia y habilidad.

Quetzalcóatl, a diferencia de los otros dioses, no se esforzó en mover las montañas con fuerza bruta, sino que hizo uso de su gran astucia. Se convirtió a sí mismo en una hormiga negra y, siendo acompañado por una hormiga roja, se adentró en la espesa montaña. Durante el camino tuvo que sortear todo tipo de dificultades, pero pudo superarlas al recordar que todo lo hacía por su pueblo y la necesidad que tenían de obtener el maíz. Así, pese a los problemas y al cansancio, Quetzalcóatl finalmente llegó al lugar donde estaba el maíz. Siendo todavía una hormiga, tomó con su mandíbula un grano de una mazorca y emprendió el viaje de regreso. Luego de sortear las mismas dificultades que había tenido a la ida, pero superándolas todas con astucia y convicción, el dios llegó hasta los aztecas con lo que les había prometido.

Después de agradecerle debidamente por su esfuerzo, los aztecas tomaron el grano de maíz y lo sembraron en la tierra. Regándolo a lo largo de varios días, la planta creció y les otorgó por fin lo que tanto había esperado, el ansiado maíz. Luego de esto, pudieron cosechar este alimento en distintas partes de su territorio, con lo cual incrementaron su riqueza y aumentaron su propia fuerza. Gracias a esto, pudieron construir ciudades, templos, palacios y demás construcciones y obras de ingeniería. Como el maíz les había traído la prosperidad y la felicidad, los aztecas siempre estuvieron agradecidos con Quetzalcóatl, su amigo entre los dioses y aquel que le había traído el maíz.

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