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Leyenda

El fantasma de la monja

El fantasma de la monja

Rogier van der Weyden [Public domain], via Wikimedia Commons

La leyenda del fantasma de la monja

Durante la época de la Nueva España, en el convento de la Concepción, que se encuentra actualmente en la esquina Belisario Domínguez y Santa María la Redonda, las monjas sufrían todas las noches por una visita inesperada. Encerradas en sus diminutas celdas, las monjas podían ver a través de la ventana, sí tenían el suficiente valor para hacerlo, a una mujer colgada de una rama de uno de los árboles de durazno que había en el jardín. Esto también ocurría si las monjas tenían una misión o un rezo que durante en la noche. Para no despertar a las demás, estas hacían sus labores en el jardín. Y una vez terminaban, sentían curiosidad por saber cómo lucían. Entonces las monjas se asomaban en el agua de la fuente que había en medio de la hierba y descubrían detrás de su reflejo a la mujer colgada, con hábito de monja y la mirada clavada en el suelo, balanceándose entre la brisa nocturna. Era usual que después de esto las monjas corrieran para avisarle a su superiora sobre lo que había pasado; pero cuando esta llegaba, ya el fantasma de la mujer había desaparecido.

De tal manera que cada noche el fantasma de la monja aparecía en el durazno. Las monjas quisieron ahuyentarla con rezos y penitencias, pero esta no se iba. Algunos incrédulos incluso llegaron a acusar a las monjas de sufrir una histeria colectiva, provocada por el estricto encierro que sufrían. Este edificio fue el primer convento que tuvo la colonia, el cual fue construido sólo veintidós años después de la conquista de México. A lo largo de su existencia, había educado a las hijas de los personajes más ilustres de la región y algunos de España. Por dicha razón, no se pensó en trasladarlo ni en demolerlo por el fantasma, pues representaba una construcción con una larga historia.

Anteriormente, en la misma ciudad habían vivido tres hermanos: Alfonso Ávila, Gil Ávila y Doña María Ávila, quien fue conocida después como Doña María de Alvarado por razones desconocidas. Esta terminó enamorándose de un tal Arrutia, un mestizo que sólo buscaba mejorar su posición social e incrementar su fortuna al casarse con ella. Sospechando esto, los hermanos se opusieron al amorío entre los dos y le dijeron a Arrutia que no la siguiera pretendiendo; pero este los desobedeció porque era su hermana quien debía decidir eso y no ellos. Sabiendo que no podían batirse a duelo porque eran de diferentes clases sociales, los hermanos juntaron cierta cantidad de dinero y se la ofrecieron al pretendiente para que se fuera de la capital y comprara un terreno en algún otro sitio. Este aceptó y se fue a Veracruz sin siquiera despedirse de la mujer. Por esto, Doña María se la pasó varios días llorando su desamor.

Viendo el sufrimiento del que era presa su hermana, los Ávila decidieron que lo mejor era internarla en un convento como novicia. Ya adentro, nunca dejó de llorar por el amor que había perdido. Así, sufriendo de una pasión y una tristeza que eran superiores a su fe, decidió suicidarse cuando descubrió lo que había pasado y cuando se enteró que su amado había vuelto a la ciudad para pedirle más dinero a sus hermanos. Entonces le pidió perdón a Dios, trenzó un cordón y se colgó de uno de los duraznos. Al día siguiente, el cadáver fue descubierto por la portera del convento. Un mes después de su trágica muerte, el fantasma de Doña María comenzó a aparecer en el jardín. Y poco más tarde, cuando se conoció el escándalo, Martín Cortés envió a los hermanos Ávila a la cárcel y luego los condenó a muerte.

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Vera Cruz

La leyenda de la Vera Cruz

Piero della Francesca [Public domain], via Wikimedia Commons

La leyenda de la Vera Cruz

La Vera Cruz, también conocida como Santa Cruz o la Verdadera Cruz, es la cruz de madera en la que fue crucificado Jesús de Nazaret. Esta es considerada por la Iglesia Católica y por la Iglesia Ortodoxa como una de las reliquias más importantes, pues sirve de testimonio de la existencia y de la pasión de Cristo. Según narra la Biblia, Jesús fue crucificado en el Gólgota (Monte del Calvario) junto a dos ladrones: Dimas (el bueno) y Gestas (el malo). Luego de su muerte, fue descolgado y su cuerpo fue entregado a María, María Magdalena, José y Nicodemo. Entretanto, parece que la cruz desmantelada y enterrada en el mismo lugar, donde después se erigiría un Templo a Venus.

Según cuenta la leyenda, Santa Elena, madre del emperador Constantino y famosa por su piedad, peregrinó hacia Tierra Santa en el siglo IV. Este viaje lo hizo con la intención de ir al monte Calvario (Gólgota) y recuperar la cruz de Cristo y los restos de los Reyes Magos. La búsqueda de estos últimos tuvo éxito, por lo cual los envió a la Catedral de Colonia, donde se conservan junto a los restos del Apóstol Matías. En cuanto a la cruz, tuvo que demoler el templo de Venus que se encontraba en el lugar y dedicar todo el esfuerzo de sus hombres a excavar el lugar. Finalmente, la cruz fue encontrada y, por sugerencia del obispo Macario I, mandó a erigir un templo en aquel lugar (la Basílica del Santo Sepulcro) y uno más en el monte de los Olivos. Entretanto, la cruz fue conservada entonces en Jerusalén.

En el año de 451, el concilio de Calcedonia ascendió a Patriarcado a la diócesis de Jerusalén, que fue constituida en el año 30 d. C. De esta manera, luego del cisma de Oriente, el Patriarcado quedó en manos de la Iglesia Ortodoxa Griega. No obstante, en el 614 Jerusalén cayó en las manos de los persas, quienes atacaron la ciudad bajo el mando del persa Cosroes II en 614. Estos gobernaron en Jerusalén hasta 1099, cuando tuvo lugar la Primera Cruzada. El llamado a la guerra fue hecho por el Papa Urbano II, al que acudieron las fuerzas del Sacro Imperio Romano, la República de Génova, el Reino de Inglaterra, Lotaringia, Tarento, el Imperio Bizantino, el Ducado de Apulia, Blois, el Reino de Cilicia, Boulogne, Provenza, Flandes, Normandía, Bearne, Vermandois y Le Puy-en-Velay. Así, se instauró el Reino de Jerusalén, que sobrevivió hasta 1187, cuando fue invadido por los ayubíes al mando de Saladino. Sin embargo, la cruz fue llevada a Europa por los templarios.

Después de estos hechos, no se tienen testimonios verificados sobre el paradero de la Vera Cruz, al menos completa. Por el contrario, se diversificaron supuestos fragmentos y astillas de esta en toda Europa. El mismo Calvino llegó a decir que con toda la madera de esas supuestas cruces se podría construir un barco. No obstante, el historiador Charles Rohault de Felury, luego de estudias todos los registros que se habían hecho en la época medieval de las partes de la Vera Cruz, llegó a la conclusión en 1870 de que, juntas, no sumaban ni la tercera parte de las dimensiones reales de la cruz, que era de tres metros. En la actualidad, diferentes iglesias de todo el mundo afirman tener un fragmento de la Vera Cruz, como la Abadía de Heiligenkreuz (Austria), la Iglesia de San Francisco (Popayán, Colombia) y templos y museos de España, Honduras, Guatemala, México, Costa Rica, Chile, Perú y Nicaragua.

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Cruz de Caravaca

La leyenda de la cruz de Caravaca

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La leyenda de la cruz de Caravaca

La Cruz de Caravaca, según afirma la tradición cristiana, es la cruz en la que fue crucificado Cristo, por lo cual se conserva como una reliquia de la Iglesia Católica. En la actualidad, se conserva dentro de un relicario un fragmento con forma de cruz patriarcal, con un doble juego de brazos horizontales (el inferior de diez centímetros y el superior de siete centímetros) y una sola viga vertical de diecisiete centímetros. Este se encuentra en la Basílica del Real Alcázar de la Vera Cruz, en la ciudad de Caravaca de la Cruz, en la región de Murcia, España. Por la leyenda que la soporta, esta reliquia es considerada como patrimonio religioso de la Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

Según cuenta la leyenda, Santa Elena, madre del emperador Constantino y famosa por su piedad, peregrinó hacia Tierra Santa en el siglo IV. Este viaje lo hizo con la intención de ir al monte Calvario (Gólgota) y recuperar la cruz de Cristo y los restos de los Reyes Magos. La búsqueda de estos últimos tuvo éxito, por lo cual los envió a la Catedral de Colonia, donde se conservan junto a los restos del Apóstol Matías. En cuanto a la cruz, tuvo que demoler el templo de Venus que se encontraba en el lugar y dedicar todo el esfuerzo de sus hombres a excavar el lugar. Finalmente, la cruz fue encontrada y, por sugerencia del obispo Macario I, mandó a erigir un templo en aquel lugar (la Basílica del Santo Sepulcro) y uno más en el monte de los Olivos. Entretanto, la cruz fue conservada entonces en Jerusalén.

En el año de 451, el concilio de Calcedonia ascendió a Patriarcado a la diócesis de Jerusalén, que fue constituida en el año 30 d. C. De esta manera, luego del cisma de Oriente, el Patriarcado quedó en manos de la Iglesia Ortodoxa Griega. No obstante, en el 614 Jerusalén cayó en las manos de los persas, quienes atacaron la ciudad bajo el mando del persa Cosroes II en 614. Estos gobernaron en Jerusalén hasta 1099, cuando tuvo lugar la Primera Cruzada. El llamado a la guerra fue hecho por el Papa Urbano II, al que acudieron las fuerzas del Sacro Imperio Romano, la República de Génova, el Reino de Inglaterra, Lotaringia, Tarento, el Imperio Bizantino, el Ducado de Apulia, Blois, el Reino de Cilicia, Boulogne, Provenza, Flandes, Normandía, Bearne, Vermandois y Le Puy-en-Velay. Así, se instauró el Reino de Jerusalén, que sobrevivió hasta 1187, cuando fue invadido por los ayubíes al mando de Saladino. Sin embargo, la cruz fue llevada a Europa por los templarios.

De esta forma, la Cruz de Caravaca, hecha con la madera de la Vera Cruz (Lignum crucis, como se conoce a esta madera legendaria), cayó en manos del emir Ibn Hud, que gobernaba sobre Al-Andalus. La leyenda dice que un grupo de prisioneros cristianos llegó a la ciudad de Caravaca. El emir Ceyt Abuceyt le dijo al sacerdote que iba con ellos que celebrara una misa, pero este no tenía cruz. Sin embargo, luego de decir esto, un par de ángeles le entregaron la Cruz de Caravaca. Once años después, Caravaca fue conquistada por Fernando III y la cruz pasó a su poder, convirtiéndose en el emblema de sus fuerzas y del mundo hispano no islámico. La cruz fue atesorada durante muchos años y protegida de su robo, como ocurrió durante la invasión napoleónica; aunque de todas maneras fue hurtada en 1934. Después de la Guerra Civil, el papa Pío XII la devolvió en 1942 y su culto se extendió por otros países de Europa.

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Popol Vuh

¿Qué es el Popol Vuh?

Cuilomerto [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

¿Qué es el Popol Vuh?

El Popol Vuh es una compilación de varios relatos míticos, históricos y legendarios de la comunidad k’iche, la población maya de Guatemala más numerosa de todas. Debido a la complejidad de su contenido, es considerado por los expertos como uno de los escritos más importantes sobre las culturas mesoamericanas prehispánicas. Por lo mismo, los mayas lo consideran como un libro sagrado. Este texto fue publicado en español entre 1701 y 1703 en la ciudad de Santo Tomás Chichicastenango, departamento de Quiché, Guatemala. La primera página del manuscrito se encuentra en la Bilioteca Newberry de Chicago, Estados Unidos.

Resumen

El Popol Vuh narra los siguientes sucesos:

Origen del mundo: en primer lugar, los dioses crean el mundo, con sus montañas y valles. Luego crean los animales, pero estos son incapaces de adorarlos. Entonces los condenan a que se coman unos a otros. Los dioses después crearon los hombres de barro, pero estos eran frágiles y no consiguieron levantarse ni adorarlos. Entonces crearon los seres humanos de madera, pero no tenían sentimientos, por lo cual decidieron convertirlos en monos. Más tarde, los gemelos Ixbalanqué y Hunahpú intentan matar a Vucub Caquix por su arrogancia, pero fracasan. Al intentarlo de nuevo, finalmente lo consiguen.

Historia de Hunahpú e Ixbalanqué: Los dioses Ixmukané e Ixpiyacoc tuvieron un par de hermanos. Luego Ixbakiyalo y Hun Hunahpú engendraron dos gemelos: Hunchouén y Hunbatz. Después los señores de Xibalbá asesinaron a los hermanos Vucub Hunahpú y Hun Hunahpú, colgando la cabeza de este último en la rama de un árbol. HunHunahpú e Ixquic tuvieron a un par de gemelos que más tarde se volverían héroes: Ixbalanqué e Hunahpú. Estos vivieron con su madre y Ixmukané, su abuela paterna, batallando con Hunchouén y Hunbatz. Luego estos últimos dos fueron transformados en monos. Con un poco de magia, Hunahpú e Ixbalanqué cortaron los árboles. Tras esto, los gemelos héroes se encontraron con una rata, la cual les contó la historia de sus ancestros. Después de esto, los señores de Xibalbá llaman a los gemelos desde el inframundo, retándolos a superar una serie de pruebas. Estos consiguen superar las pruebas, pero Hunahpú muere a manos de un murciélago. Por suerte, su hermano logra resucitarlo. Pese a esto, los dos terminan suicidándose en las llamas de una hoguera, siendo sus huesos llevados por el agua de un río. Poco después, los gemelos regresan a la vida y matan a los señores de Xibalbá.

Formación de los hombres de maíz: al comienzo, se crearon cuatro hombres de maíz: Balam Quitzé, el primero; Balam Akab, el segundo; Mahucutah, el tercero; e Iqui Balam, el cuarto. Después de esto, los dioses crearon las primeras cuatro mujeres. Entonces los hombres las desposaron y comenzaron a tener hijos con ellas, poblando la tierra.

El amanecer y Hacauitz: Venus aparece después de que nace el sol, causando mucha dicha para todos. Tras esto, los dioses se convierten en piedra y sólo queda libre Zaquicoxol. Mientras tanto, los cuatro varones k’iche se esconden en una montaña. Después Tohil, dios de los k’iche, ordena que se secuestren personas de otros pueblos para que le sean sacrificados. Las demás tribus, preocupadas por esta situación, mandan cuarto jóvenes muy hermosas para seduzcan a los k’iche y los lleven a la desgracia. Sin embargo, su plan es frustrado cuando las engañan con cuatro mantos mágicos. Entonces las demás tribus envían un ejército conjunto para derrotar a lo k’iche en lo alto de la montaña. Pero cuando están subiendo por esta, son derrotados por un sueño que les envía Tohil. Así los cuatro k’iche roban las armas de sus enemigos. Después de esto, los cuatro dan sus consejos y mueren uno por uno. Su territorio entonces heredado por sus hijos.

Relatos sobre migraciones: los hijos de los primeros k’iche vuelven a la ciudad de Tula, en donde Nacxit les entrega los símbolos de poder. Tras regresar al cerro Hacauitz, son recibidos con mucha alegría. Después, migran buscando un cerro donde puedan establecerse finalmente y erigir una ciudad. Así pasan por Chi Quix, donde el grupo se divide, y luego por Chi Chak, Humeta Ya, Qulba, Cauinal y después por Chi Ixmachi. Aquí comienza una guerra cuando los Ilocab engañan a los Istayul. Por ello, los primeros son esclavizados y el poder de los k’iche crece demasiado, causando terror a los pueblos vecinos. Así se forman los tres tinamit principales de la Confederación K’iche: Ahau Quiché, Cauiquib y Nihaib.

Fundación de Gumarcah y lista de generaciones: se funda la ciudad de Gumarcah en la actual Santa Cruz del Quiché, ubicada en el departamento de Quiché, Guatemala. Tras esto, se fundan las veinticuatro casas grandes, llegando a ser unidades de gran importancia social y política. Después se narran las conquistas que hicieron Gukumatz y Quikab, cuya naturaleza era prodigiosa. Luego los caueques k’iche anexionan varias tierras a su territorio al conquistar los pueblos vecinos. Estos comienzan a pagarles tributo. Después se nombran los diferentes casas grandes y chinamit que hubo en el territorio señalado, hasta la vida de Juan de Rojas, quien vivió la conquista española.

Personajes

Dentro del Popol Vuh se pueden encontrar los siguientes personajes:

  • Tepeu: dios creador del cielo.
  • Gucumatz: dios creador del cielo.
  • Hurakan: dios de las tormentas.
  • Balam Quitze: dios de las cosechas y los campos.
  • Balam-Agab: dios jaguar de la noche.
  • Mahcutah: uno de los hombres primigenios.
  • Iqui Balam: otro de los hombres primigenios.
  • Tojil: dios del fuego.
  • Hunanpú: uno de los hermanos gemelos ahpú.
  • Ixbalanque: otro de los hermanos gemelos ahpú.
  • Ixquic: madre de los gemelos ahpú.
  • Hunbatz: hijo de los ahpú.
  • Hunchouén: hermano del gemelo Ixbalanqué.
  • Vucub Caquix: dios de la Osa Mayor.
  • Zipacná: demonio con forma de caimán grande, hijo de Vucub Caquix.
  • Cabrakán: dios de los terremotos y las montañas.
  • Hun Camé: dios del inframundo.
  • Vucub Camé: demonio del inframundo en la tierra de Xibalbá.
  • Ixmukané: dios que le dio vida a los hombres de maíz.
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