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España

Los siete niños de Écija

Los siete niños de Écija

Imagen tomada de Facebook

Los siete niños de Écija

Los siete niños de Écija es el nombre por el que se conoció a un grupo o cuadrilla de bandoleros españoles, oriundos de Écija y sus alrededores. Este grupo estuvo conformado por diversos bandoleros mayores de edad, los cuales se dieron a conocer hacia mediados de la década de 1815 por sus fechorías. Acostumbraban asaltar carruajes, robar cortijos y forzar a jóvenes mujeres en los caminos y villas de Écija, Carmona, Fuentes de Andalucía, Osuna, Lora, Marchena, Sevilla, entre otras sin ser capturados por las fuerzas de la justicia.

Estos conseguían huir de la ley, refugiándose en las montañas de la Sierra Morena, la cual conocían como la palma de su mano. Sabían donde estaba cada paso, cueva y escondite posible, por lo que podían entrar a la sierra y escabullirse fácilmente. Se cuenta que estos desaparecían en la sierra y aparecían a kilómetros de donde habían estado el día anterior. Esta cuadrilla estuvo conformada por numerosos delincuentes, pero llevaban a cabo sus actos criminales como un grupo de siete, aunque algunos investigadores mencionan que este número podía variar.

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Inicios y miembros

Esta cuadrilla comenzó sus andanzas entre 1812 y 1814, años en los que se les vio asaltando en los caminos de Écija. Entre los primeros miembros conocidos de la banda estaban: Antonio Padilla, Antonio Carillena, Juan Romero Peña, Francisco Muños, Rafael Malecho, Felipe Romero Molero, José Piña, Diego García Martín, Juan Alaya. De estos sobresalían Antonio Padilla, primer jefe de la banda, muerto en 1815; Diego García Martín, conocido como el Hornerillo y los delincuentes llamados El Pintado, Carmona y El Mesa. La mayoría de los primeros miembros fallecieron o fueron apresados antes de 1816.

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Al morir Padilla, la banda quedó al mando de Pablo Aroca Ojitos, delincuente conocido por su carácter indómito y temerario. Desde 1815, las crónicas sobre los bandoleros de Écija se centran en siete delincuentes: Pablo Aroca Ojitos, líder, Juan Antonio Gutiérrez (El Cojo), Francisco Narejo (El Becerra), Diego Meléndez, José Martínez (El Portugués), Antonio de Cegama (El Fraile) y Salvador de la Fuente (Minos). También se habla sobre José Ulloa (Tragabuches), reconocido contrabandista de la región. Todos estos fueron conocidos por ser desalmados y feroces delincuentes.

Captura de los siete niños de Écija

La mayoría de los miembros de la banda fueron capturados hacia finales de la década de 1810, gracias a las recompensas ofrecidas por la autoridad. Tras ser capturados se les condenó por incendiarios, salteadores de caminos, forzadores de mujeres honradas y vírgenes y otros delitos. Algunos de los miembros fueron condenados a morir en la horca o a ser castigados con el garrote entre 1817 y 1818. Los restos de los bandoleros fueron descuartizados y distribuidos por los caminos de las villas, para que sirvieran como ejemplo.

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Las fechorías de los desalmados y feroces bandoleros de Écija, se conocieron por todo el territorio español, trascendiendo hasta nuestros días. En 1947, la vida de los bandoleros fue representada en el filme del director mexicano Miguel Morayta, Los siete niños de Écija.

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Los Amantes de Teruel

Diego Delso [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

Leyenda de Los Amantes de Teruel

Leyenda española del siglo XIII. Es la historia de Isabel y Diego crecieron juntos en el Teruel. Ambos pertenecían a la nobleza de la ciudad. El padre de Isabel era Don Pedro de Segura, un rico comerciante. Y el de Diego, un importante noble de apellido Marcilla, habían perdido su gran hacienda por culpa de una plaga de langostas que asoló la comarca en el año de 1208. Los dos amigos empezaron a sentir amor.

Un día decidieron casarse. Pero a don Pedro de Segura no le agradó la idea en absoluto porque el estatus de Diego era inferior. Los dos enamorados quedaron desolados hasta que se les dio una oportunidad: Isabel esperaría durante cinco años a que Diego consiguiera dinero y honores. Con los cinco dedos de su mano derecha hicieron el juramento de esperar hasta el regreso de Diego. El joven se fue a luchar a las cruzadas. Durante cinco largos años Isabel esperó si tener ninguna noticia de la suerte de Diego. Cuentan que los soldados que regresaban de la batalla de Muret relataban que allí no quedaba nadie vivo. Por desgracias a oídos de Isabel llegó la noticia que Diego había caído en combate.

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Viendo que ya se cumplían los cinco años acordados y no había noticias de Diego, su padre le instó a casarse con don Pedro de Azagra, poderoso señor de Albarracín. La ciudad entera se engalanó para celebrar unos grandes esponsales. Todo era jolgorio y alegría, pero Isabel no estaba feliz. Diego consiguió regresar a Teruel. Sano y salvo, con honores y riquezas y lo más importante la ilusión de reunirse con su amada Isabel. Cuando llegó a Teruel oyó el repicar de campanas, la música y se enteró que se celebraba el casamiento de Isabel de Segura con don Pedro de Azagra, señor de Albarracín. Diego creyó enloquecer de ira.

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Pero se recompuso pues, en realidad, Isabel no había roto el acuerdo. El plazo ya había expirado. Decidió entonces ir en su busca y pedirle aquel beso que tanto había anhelado durante años. Se encaramó al balcón de la recién casada y la despertó para rogarle esta última prueba de amor. Pero Isabel no se sintió capaz de romper los votos que acababa de prometer y se lo negó. Diego, cayó muerto en ese mismo instante.

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La extraña muerte conmocionó a toda la ciudad de tal manera que acudió en masa a los oficios por el alma de Diego. Isabel, desconsolada por haber perdido a su verdadero amor, se acercó al cuerpo sin vida de su amado y lo besó intensamente. Y en ese preciso instante, ella caía muerta sobre el difunto. Las familias decidieron darles sepultura juntos para que estuvieron junto para siempre.

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La campana de velilla de Ebro

ecelan [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

Leyenda La campana de velilla de Ebro

Leyenda aragonesa. Esta campana conocida como la campana del Milagro llegó a la costa mediterránea cerca de la desembocadura del Ebro. Lo sorprendente es que llegó flotando sobre el mar como si de un ligero objeto se tratara. Además, llevaba consigo dos velas prendidas. Trataron de sacarla del agua, pero cuantas veces se acercaban a ella se hundía y emergía de nuevo. Se detuvo en Velilla; pero nuevamente se hundía cuando los hombres se acercaban con garfios para sacarla del agua. No obstante, se aproximaron dos doncellas y no hicieron más que poner sus manos sobre ella, en ese momento se elevó y llegó a la orilla. Cuando llegó a tierra la población empezó a rendirle culto.

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La campana empezó a sonar sola, provocando la devoción y respeto de cuantos la veían sonar sin explicación. La invención de la campana fue atribuida a San Paulino de Nola. Pero, ella tocaba cuando una desgracia estaba cerca. En el año de 1435 volvió a tocar dos veces: la primera avisó de que la flota de Alfonso V el Magnánimo había sido derrotada en Ponza (Italia) y la segunda avisó que el rey había obtenido la libertad tras la batalla. Y en adelante, continuó repicando; anunció varios fallecimientos de personajes reales como el de la emperatriz Isabel de Portugal (1539) y del rey Manuel de Portugal (1578). Ahora bien, la última vez que las personas oyeron la campana fue el 12 de abril de 1686, tal vez presagiando el fin de la Casa de los Austrias en España.

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Se decía que cuando la campana tocaba por sí sola, nadie podía aproximarse a ella; un osado canónigo lo intentó y recibió una sacudida tan fuerte que duró en cama varios meses. También, el campanero la hacía sonar para alejar las tormentas.

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La Armengola

Creator:Vicente Navarro [Public domain], via Wikimedia Commons

Leyenda de La Armengola

Leyenda española de principios del siglo XIII. Personaje ficticio de la historia de Orihuela, provincia de Alicante. La leyenda cuenta que La Armengola tenía por nombre Hermenegilda Eugenia y era la mujer de Pedro Armengol, de ahí su apodo. Una figura muy importante en Orihuela. Para ese momento la ciudad tenía mucha migración musulmana. En el castillo vivió el alcaide Benzaddon con su familia. La Armengola, era la nodriza de los hijos de Benzaddon. Un día, los mudéjares locales se reunieron con los del Reino de Murcia para asesinar a los cristianos residentes en la mozarabía del Arrabal Roig. Benzaddon le contó a la mujer sus planes para que fuera a refugiarse al castillo junto con su familia.

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La Armengola como fiel cristiana decidió advertir al alcaide cristiano de la masacre que iba a cometer. Así pues, en la noche del 16 de julio disfrazó a dos jóvenes (Aruns y Ruidoms) de mujeres para que hicieran las veces de sus hijas. De este modo, entraron, y atacaron a todos los habitantes del castillo de Benzaddon. Lograron tomarse el castillo. El día siguiente se celebraba la fiesta de Santas Justas y Rufina, patronas de Orihuela, se colocaron dos luceros en el castillo en su honor, y también para avisar al pueblo oriolano de su libertad.

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Jaime I de Aragón terminaría por echar a los musulmanes de Orihuela. Así que, el 17 de julio se conmemora la hazaña de esta mujer guerrera y de la Reconquista de Orihuela.

Influencia de La Armengola en Orihuela

Desde 1991 anualmente se elige a una mujer oriolana para representar la figura de La Armengola durante las Fiestas de Moros y Cristianos de Orihuela. Se han realizado varias adaptaciones teatrales y cinematográficas de esta historia. Por ejemplo: Armengola, la leyenda (2011).

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En el campo de la pintura hay varios oleos sobre lienzo. Actualmente, uno expuesto en el Museo de las Fiestas de la Reconquista (Orihuela). En el cuadro, hay un primer plano La Armengola con el Estandarte del Oriol, muy representativo de la ciudad de Orihuela. En un segundo plano, podemos apreciar a las Santas Justa y Rufina, dos santas muy veneradas por los oriolanos.

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