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Medievales

Corona votiva

Historia de la corona votiva

Ángel M. Felicísimo from Mérida, España [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons

¿Qué es una corona votiva?

Una corona votiva es una corona que se ofrece a alguien, una deidad o un templo con motivos religiosos, sin ninguna intención de que sea usada o recuperada como tesoro por alguien. Este tipo de ofrendas votivas eran comunes en la Edad Media, y estaba diseñadas cuidadosamente para que fueran suspendidas. Es por esta razón por la cual estas coronas tienen adornos que les cuelgan, pues están pensadas para estar flotando. Estas se colgaban del techo con cadenas o lazos sobre un altar o una imagen del ofrendado. Algunas eran descolgadas después y eran puestas sobre estatuas o era donadas u obsequiadas. El ejemplo más representativo de este tipo de coronas es la corona votiva del Recesvinto, rey de los visigodos que reinó entre el 653 y el 672.

El empleo de coronas votivas se puede rastrear desde el mundo antiguo. Los registros de esta tradición aluden a las coronas votivas como una costumbre pagana, pues las referencias literarias que se tienen son principalmente cristianas. Un caso de estos registros que no es cristiano nace de Vitruvio, quien señala que el tirano Hiero II de Siracusa, quien murió en el 215 a. C. Cuando estaba próximo a su muerte, este gobernador le encargó a un orfebre que le hiciera una corona votiva; aunque desconfiaba del artesano. Por ello le encargó a Arquímedes que descubriera si era cierto que le estaba robando. Ahí fue cuando sucedió su famoso eureka, pues sumergió la corona en un recipiente con agua, con lo que pudo calcular su volumen. Así descubrió que el orfebre había reemplazado cierta cantidad de oro con plata.

En la antigüedad, las coronas votivas eran colocadas también por las personas del común a las figuras de los dioses o a los dioses que aún seguía vivos con el fin de que les otorgaran un favor. La tradición de las coronas votivas luego fue heredada por los reinos cristianos del Medioevo a partir de la tradición bizantina y romana. En donde más sobreviven este tipo de coronas es en España, provenientes de la Hispania visigoda del siglo VII. Así, se conservan al menos veintiséis coronas de oro, las cuales fueron descubiertas en 1859 y donadas al Museo Arqueológico Nacional de España de Madrid y al Museo de Cluny de París. La razón por la cual sobrevivieron estos tesoros fue la conquista musulmana de la península ibérica, pues los nobles escondieron estas coronas para que no fueran saqueadas.

Pese a la concentración de estos objetos que hay en España, su uso estaba extendido por toda Europa, pero eran tesoros vulnerables al saqueo. Por esta razón, la mayoría de las coronas votivas no existen en la actualidad y sólo se tiene conocimiento de su existencia gracias a los registros históricos. Estas coronas usualmente tenían inscripciones hechas en pedrería y no podían ser usadas como coronas porque eran muy pequeñas para la cabeza de una persona normal y porque tenían adornos colgantes que habrían ocultado la cara del usuario. En la modernidad, los países católicos siguieron produciendo coronas votivas. Estas se guardaban dentro de los tesoros de las iglesias y eran exhibidas en días festivos o ceremonias importantes, cuando se les ponían a las estatuas católicas, como imágenes de Cristo o de la Virgen María. Estas coronas también eran y son puestas en las cabezas de algunos santos o mártires.

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